4 de marzo de 2013

Las fiestas de los Quintos

Quintos y quintas en el pueblo riojano de Pradejón. Foto tomada de la estupenda web del Ayuntamiento de esa localidad.

 Esta entrada en el blog está dedicada a mis amigos de la mili en el Sáhara Occidental Español.

El servicio militar obligatorio estuvo en vigor en España desde 1912 hasta el 2001. Anteriormente, a lo largo de todo el siglo XIX, si bien existía la obligación de incorporarse a filas las posibilidades de “escaquearse” eran muy amplias. Se podía redimir la obligación pagando una cuota, los famosos “soldados de cuota”, o consiguiendo alguna prebenda oficial para conseguir ser sustituido en el servicio por otra persona. Aquello permitía que los hijos de las familias pudientes se librasen de la “mili”.

De esa época vienen refranes y coplas populares como la que se cantaba en Extremadura:
"Si te toca te jodes
que te tienes que ir
que tu madre no tiene
dos mil reales pá ti,
a la guerra del moro
a que luches por mí".
Aquello era de una injusticia tan manifiesta que ir a la mili era considerado como algo propio de las clases más humildes o bien de aquellos que hacían del ejército su forma de vida, que no eran pocos. Decía que en 1912, y a consecuencia de las grandes movilizaciones populares como la famosa Semana Trágica de Barcelona de 1909 que protestaban por la muerte de cientos de chavales en la guerra de África, aquel régimen semifeudal desapareció pero eso no es estrictamente verdad. Siguió existiendo, incluso en la misma II República, el concepto de “soldado de cuota” que si bien no te libraba del servicio, lo hacía más breve o evitando la presencia en las unidades militares más lejanas o más peligrosas, lo que no era moco de pavo en aquellos tiempos de las guerras africanas.

Tuvo que ser Franco, en 1940, quien definitivamente acabase con ese sistema, aunque de todos es bien conocido que de alguna forma las clases más ricas del país conseguían mejores destinos para sus hijos. O que existían formas más leves de prestar el servicio obligatorio como las Milicias Universitarias. Ser hijo de viuda o trabajar en algún sector estratégico de la economía también podían ser clases de exclusión del cumplimiento de la mili.

Pero ¿de dónde viene esa expresión de los quintos? Pues eso viene de los tiempos de Carolo III- el de la Puerta de Alcalá- que le dio por  dictar una Ordenanza en la que uno de cada cinco jóvenes en edad militar (las famosas Quintas), entre los 18 y los 40 años y mediante sorteo, tendrían que incorporarse cada año al Ejército. Sus nombres se extraían del padrón de mozos que formaban el censo militar. Ir a la mili era "servir al Rey". En algunas épocas posteriores ese régimen fue cambiando y así por ejemplo en algunas regiones- y no por casualidad- como Cataluña, Navarra o el País Vasco, el sistema de reclutamiento era voluntario. Incluso durante la I República Española el ejército estaba formado exclusivamente de tropas voluntarias y remuneradas, como ahora mismo.

Antiguamente los soldados se reclutaban a la fuerza si la situación militar así lo requería o bien entre gentes de mal vivir que encontraban con esa forma de incorporarse a los ejércitos una manera de sobrevivir gracias a los pequeños sueldos- las soldadas- que recibían en campaña.

El nombre de quintos pasó a formar parte del vocabulario popular y con ese nombre se ha conocido hasta casi nuestros días a los jóvenes que sorteaban en las respectivas cajas de reclutamiento existentes en todas las capitales de provincia. El sorteo, el saber a qué cuerpo o a qué localidad te mandaban era todo un acontecimiento que determinaba el futuro de muchos jóvenes y de sus familias. Cada año, reemplazo, el sorteo se convertía en un espectáculo de gran seguimiento y era tradición celebrar fiestas en los pueblos y en los barrios. 

Tenía su importancia aquello del sorteo. La suerte se inclinaba de un lado o de otro. Si te resultaba favorable te tocaba servir en un regimiento de tu provincia y seguir estando en contacto con tu familia. Si te era muy desfavorable podías acabar en algún destacamento perdido en las arenas del desierto del Sáhara. Te podía tocas Ceuta o Melilla. O aviación. O la Armada. Por supuesto que luego en cada unidad de destino las cosas podían también mejorar o empeorar. De nada bueno te servía prestar el servicio al lado de casa si te tocaba luego hacer más guardias o servicios que Cascorro. Al revés podías ir destinado al Sáhara y chuparte una mili de puta madre, relevado de servicios de guardias y cocinas. Metidito en una oficinita por la que no pasaba un oficial ni en días de luto.

Gracias a respuestas de amigos de la mili he conseguido tener una pequeña descripción sobre las distintas formas de celebrar aquel acontecimiento del sorteo. Esto es lo que me cuentan:

Andrés Salanueva. Yo soy de un pueblico pequeñico de Navarra, concretamente de Arróniz y sí que celebramos los quintos. A mí me tocó en enero de 1969, y recuerdo que lo celebramos en navidades. Quintos y quintas (entiendo que eran las novias o las amigas de los quintos) apañábamos un gorro de soldado y salíamos a pedir por las casas y los bares. Alquilábamos tres o cuatro músicos y nos pasábamos toda la mañana pidiendo por las casas. Buena comida, buen baile y luego buena cena. Se me olvidaba lo primero: la misa y una visitica a las monjicas.

Francisco De Miguel. Yo si recuerdo que en Madrid el día del sorteo vendía unos cartelitos con la bandera española que ponía África o España y se los ponían en la solapa. Y un gorro de soldado de cartón. Iban por las tascas celebrándolo. A los de África les solían invitar.

Antonio Peña. En el pueblo de mis padres y mis abuelos en la comarca de los Monegros los quintos ese día pagaban una orquesta y se celebraba un baile. Se comía y se bebía. Sobre todo bebía. Se pedía permiso a la guardia civil y te dejaban hacer bromas, yo diría más bien que putadas. Por ejemplo marchaban de noche al pueblecito de al lado que tenía las calles de tierra y se las labraron todas. Al otro día la guardia civil les hizo que fueran dejar las calles como estaban antes.

Joan Roger. En mi quinta, organizamos un "guateque" en una discoteca de Blanes y con las ganancias obtenidas celebramos una cena con votación de madrinas incluido. Creo recordar que éramos unos 30 poco más o menos. La discoteca era la San Antonio (hoy ya desaparecida) y el grupo musical creo recordar eran Los Diablos. Hasta la desaparición de la mili obligatoria esta era una tradición habitual en Blanes.

Si quieren ustedes una información más amplia sobre las fiestas de Quintos un alma caritativa le dio por realizar una muy buena investigación sobre la materia y la colgó en la Wikipedia. Como decía el Guerra: hay gente “pa tó”. Incluso algún antropólogo de guardia ha tratado de analizar las fiestas de los quintos en la mejor tradición del análisis social de los ritos de paso de la masculinidad.

En este caso la foto corresponde al pueblo de Guadarrama en la sierra de Madrid. El original está en la web Los Quintos.
Por supuesto que sobre la mili se pueden escribir libros enteros. De hecho suele ser propio de los abuelos contar batallitas y enseñar a sus nietos las fotos de la mili en Ceuta. Incluso algunos llevan su pasión narradora a extremos como reunirse entre ellos para contarse esas batallitas de juventud. Por cierto que este fin de semana me toca asistir a una de esas tenidas. Esto de la mili imprime carácter. Pero en esta ocasión solo se trataba de escribir sobre las fiestas de los quintos.

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