28 de agosto de 2012

La vida natural en la Ría de Ribadeo.

Imagen de la ria de Ribadeo captada desde la orilla asturiana. Desde uno de los caminos que nacen en Figueras.


No soy un hombre del campo. Me reconozco a mi mismo como un amante del asfalto, de los semáforos y de los pasos de cebra. Incluso de las máquinas de recaudar dinero para aparcamientos en zonas azules. A mi me pones en un sitio sin referencias urbanas como la selva o el desierto y no se nunca atinar por donde cae el sur o el norte.

A pesar de ello veraneo en Ribadeo. Puede ser porque Ribadeo es lo más urbanita de esta región cantábrica. Tengo cerca los periódicos, la cafetería donde desayunar y las terrazas en las que pedir un ribeiro, a poder ser Viña do Campo, se lo recomiendo.

Mi relación con la naturaleza se limita a la presencia obligada en las playas y al paseo vespertino, pedestre o motorizado, por sendas lo mejor trazadas por la mano del hombre y a poder ser asfálticas o pavimentadas.

Sin embargo no crean ustedes que no tengo contacto con la naturaleza. La propia plaza de España, otros la llaman Cantón, algunos parque y usualmente La Plaza a secas es un magnífico parque botánico con una diversidad de especies vegetales cuyos nombres difícilmente me aprendo a pesar de las lecciones que anualmente me dicta un amigo madrileño amigo de las plantas.

Diré más. Tengo una relación especial con la fauna de la Ría gracias al sonido. Se identificar por sus trinos a las urracas, los cuervos y las gaviotas. Lo de las gaviotas es llamativo. De vez en cuando organizan unos combates sonoros estruendosos. Me digo que tengo que preguntar a los ornitólogos de la Ría de Ribadeo por esas tremendas algazaras que de vez en cuando rompen el silencio de la ría. Un silencio lleno, por cierto, de otros múltiples sonidos como las sirenas del astillero de Figueras, las campanas de las clarisas o de la   Virgen del Campo, las bocinas de los barcos al atracar y el ruido del viento del sur que a veces confunde uno con el grito de algún espíritu herido, como el de La Searila, del que otro día les contaré.

Y por supuesto que como ya habrán podido observar no soy ajeno a la observación, incluso el consumo, de algunas especies animales como los percebes. No crean que soy inmune a la naturaleza.

Pero es evidente que no soy una buena fuente para aprender sobre la naturaleza de este entorno. Sin embargo tengo una solución para aquellos de ustedes que buscan información de calidad sobre las riquezas naturales de la ría de Ribadeo. Acudan ustedes al blog de un genio en esas cosas. Enrique Sampedro Miranda en su Ría de Ribadeo pone todo el mundo natural a su alcance. Con él y con sus textos y fotos se sentirán transportados al hábitat de las aves de todo pelaje que pueblan la ría permanente o temporalmente. Hay pájaros propietarios, visitantes de estación y hasta turistas de paso. Como en la vida misma. Garzas reales, ánades, garcetas, correlimos, azores, martines pescadores, gaviotas reidoras y lloronas, etc.

Por ejemplo, su último post nos cuenta de los visitantes oportunistas que hacen en Ribadeo su parada de descanso hacia el sur, en el camino que les llevará, digo yo, a Ruidera o a Doñana, como los mazaricos que tengo yo vistos en las playas de Matalascañas. Incluso parece que algunos utilizan la Ría como sede de su luna de miel, si es que lo he entendido yo bien, que seguro que no.

Ya les digo. Aquí hay de todo. Los pájaros de la ría de Ribadeo. Una lección de vida. Gracias a Enrique por el regalo.

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