11 de abril de 2012

¿Cobrar a los ricos el acceso a la sanidad pública? Un debate falso.

Hospital de Sama de Langreo, Asturias. 1944. Original del gran fotógrafo asturiano Valentín Vega. Obtenida de la colección en Flickr de Von Aisaider. Licencia de reproducción CC.



A mucha gente de izquierdas le suena bien la letra y la música que algunos sectores del gobierno interpretan en torno a la posibilidad de que las personas con rentas o ingresos más altos paguen por los servicios sanitarios. Les parece bien eso de que quien más tenga más pague. Es justo, dicen algunos, no sabemos si como expresión de una forma de justicia o de rencor social. Que esas ideas nazcan en el seno de la derecha mas cavernícola no les pone en guardia sobre la posible trampa del invento.

Pues es una malísima idea. Pensemos un poco en ello. Conozco muchos ricos que darían toda su fortuna por poder recuperar su salud y por tener acceso a la mejor medicina del mundo. Pocas cosas en el mundo llegan a ser valoradas de la misma forma. Una sanidad pública de calidad puede ser el mejor argumento para legitimar políticas impositivas de carácter progresivo al tiempo que nos ayuda, a todos, a valorar la igualdad de acceso como uno de los argumentos más preciados a su favor. Si tenemos en nuestro país un sistema altamente valorado por todos es el de la sanidad, sería bueno conservar esa valoración. Si introducimos en su financiación esquemas de repago, de doble imposición, estaremos desnaturalizando ese efecto y reforzando los movimientos a favor de descuelgues de los usuarios mas ricos. Y con ello daremos carta de naturaleza justificativa a los movimientos a favor de la bonificación de los seguros privados como compensación o alternativa a la doble imposición.

Cada vez son más los servicios que pagamos vía tasas. No les negaré que tal sistema de recaudación tiene sentido en muchos casos. Los usuarios de las carreteras, por ejemplo, de alguna forma deben participar en mayor grado en la financiación de los servicios; de ahi viene la idea de los peajes o del pago por acceso a las ciudades. Los que emplean en mayor medida combustibles y por lo tanto contaminan más, deben pagar en el grado correspondiente tasas o impuestos ambientales, de hecho ese es el significado de la alta fiscalidad de las gasolinas. Este es un debate viejo entre los economistas y se entiende que existen argumentos y razones que aconsejan para cada caso la fuente de financiación mas inteligente teniendo en cuenta argumentos de distinto carácter.

Sin embargo para los servicios públicos universales a los que normalmente accedemos, o debemos acceder en las circunstancias obligadas, todos los ciudadanos en términos de igualdad de trato y con la mejor calidad posible existe el consenso sobre que la mejor forma de  financiarlos sea la vía impositiva de carácter progresivo y en función de la renta. Otra cosa es que el actual impuesto de la renta, el IRPF, esté desnaturalizado o cargue de forma desigual los distintos tipos de renta en perjuicio de los trabajadores a sueldo. Pero eso es otro debate del cual si quieren en otro día hablamos pues hay mucho que largar.

Hay por otra parte muchas razones prácticas para huir de sistemas de copago en función de la renta. ¿Dónde ponemos el límite a partir del cual los servicios deben ser pagados con facturas adicionales? Hoy son muy numerosas las personas de las clases medias afectadas por la crisis a las que les puede resultar extremadamente gravoso pagar esos suplementos. Si el determinante de esa obligación es la renta pagada en ejercicios pasados puede que esa medición no sea oportuna en circunstancias de crisis que ponen del revés los ingresos familiares de muchas familias. Otro elemento a tener en cuenta de una forma esencial es el de la cronicidad de las enfermedades o el tipo de costes médicos o farmacéuticos asociados a las mismas. Los enfermos que padecen al mismo tiempo distintos tipos de patologías son desgraciadamente grandes consumidores de remedios y usuarios de muchos servicios médicos. ¿Vamos a convertir el copago en un impuesto a la enfermedad? Lo mismo cabe decir de aquellos enfermos aquejados de patologías solamente abordables con tratamientos de alto coste o experimentales. La democracia no es solamente una cuestión de igualdad o de justicia formal. La democracia por la que aspiramos es también una democracia solidaria. Una forma de moral ciudadana por la cual obtengan más quienes más lo necesiten. Bastante tragedia es la enfermedad, muchas enfermedades particularmente ingratas y crónicas, como para no sentirnos obligados a compensar a los que la padecen de la mejor forma posible. Solamente pensar en la vuelta a aquel pasado en el que las familias se arruinaban para poder pagar medicinas y tratamientos (pasado que es el presente en tantos países del mundo, incluidos los mismos Estados Unidos de América por cierto) me pone los pelos de punta.

No se si saben ustedes que una parte muy importante de los costes sanitarios en países como los Estados Unidos se va en burocracias de control del gasto. Cualquier sistema de copago significa poner en marcha sistemas de control y de administración que elevan el coste total del servicio. A veces lo que no se te va en lágrimas se te va en suspiros, mucho mas en nuestro país en el que somos devotos de la picaresca. Hoy nuestro sistema es de los más baratos del mundo. No hay razón para cambiar ese logro para dedicar mayores porcentajes del gasto a corsés administrativos. A veces cuesta más el collar que el perro.

Definitivamente la idea de cobrar a los ricos es una mala idea. Es un populismo de baja estofa que lleva veneno en su planteamiento. A mi no me interesa que los ricos paguen dos veces ni que se desvinculen sentimentalmente del sistema sanitario. Yo cuando vaya al hospital quiero encontrarme en las salas de espera a mis vecinos de cualquier estatus económico. Nos vendrá muy bien a todos sentirnos iguales ante la enfermedad. Y esto que digo de la sanidad lo extiendo a la educación. Los de nuestra generación y los mas mayores ya tuvimos conocimiento siendo pobres de lo que era compartir aulas como alumnos de prestado con los niños ricos o la de no poder recibir ciertos servicios en los colegios públicos por no poder pagar nuestras familias conceptos tan antiguos como las famosas “permanencias”.

No me hagan ustedes hablar de los tiempos de cuplé o recordar lo de los soldados de cuota…Aviso
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