18 de agosto de 2009

Verano del 2009 en Ribadeo




El grupo de música de cámara que toca esta noche en el Auditorio ensaya en estos momentos. Desde la ventana de casa, abierta de par en par por el calor, escucho como el violonchelo va buscando la afinación con el piano en alguna pieza de Ravel. Es el último concierto de la temporada del Festival Internacional de Música de Ribadeo. Meritorio esfuerzo organizativo del pianista Leopoldo Erice para traer a la villa costera a estupendos músicos.

Ribadeo tiene una hermosa afición musical. El otro día disfrutamos de un pequeño concierto de la Banda Municipal después de la procesión de San Roque. Por cierto que a punto estuve de comerme las rosquillas del Santo dispuestas en la bandeja que luego debía ser paseada por alguno de los niños. Recordé que de pequeño en el pueblo de mi padre me comí las uvas del San Roque con tremendo disgusto del cura de la parroquia. Esto mío con el santo patrono debe tener alguna explicación psicológica. ¿Será por la cantidad de veces que me hicieron repetir aquello del perro de Roque no tiene rabo?

Pero estaba hablando de música y de Ribadeo. De música popular y de música culta. En muchos momentos estoy acompañado de música en casa. Siento que en este espacio de la ría la música que más me motiva, que me coloca, es la de cámara y el piano. Los cuartetos de Beethoven, el 7 o el 10 por ejemplo. La música de Boccherini. Los cuartetos String de Haydn. El piano de Granados, Chopin y tantos otros. Este año el Festival está dedicado a Albéniz. Excelente acierto que nos ha permitido escuchar piezas de Turina, de Fauré, de Tárrega y del mismo Albéniz.

Dicen que la sinestesia es la confusión de los sentidos. Estas músicas a veces me hacen evocar los colores de las buganvillas y de las hortensias que adornan tantas casonas viejas y que desde lejos te hacen encontrar un sentido pictórico a la enormidad y variedad de los verdes forestales astures y galaicos.

Y el olor anisado de esa planta de pequeñas flores amarillas, nunca recuerdo como se llama, que rebosa los solares abandonados del pueblo te trae a la memoria a los maestros del cello interpretando las sonatas o las suites de Bach.

A veces también los sentidos chirrían con las disonancias paisajísticas de las barbaridades urbanísticas de la comarca. Entrar por Barreiros a través de las playas te ofrece innumerables oportunidades de arrepentirte de tener ojos. Al feísmo de tantas construcciones se añade ahora la sensación de obras abandonadas, de un paisaje de derrota. Ribadeo parece, afortunadamente, inmune por el momento a tanto horror. Pero no estaría de más que anduviesen con ojo. Paso todas las mañanas en mis ejercicios pedestres por delante de una especie de torrebocamina que se está “fabricando” en el mismo Paseo Marítimo. Parece que es el esqueleto de un ascensor panorámico que lleve a los visitantes desde la Atalaya, hermoso espacio urbano de la vieja Ribadeo, a los pies de la ría. El propósito bienintencionado de facilitar las comunicaciones se ha resuelto con una pretenciosa estructura de madera imitando pizarra, o al revés, que mas parece una instalación de Hunosa que un ascensor. A mi desde luego me daría miedo subirme a una estructura como esa y correr el riesgo de quedarme detenido a mitad del camino y sin luz. No entiendo como se ha podido aprobar tal desaguisado.

Por lo demás parece que la ciudad funciona. Tenía el ánimo ciertamente quebradizo luego de tragarme desde la distancia cincuenta números de la Comarca del Eo. Leyendo a algún cronista que otro pareciome, perdón por el asturianismo, entender que la villa andaba manga por hombro y que las autoridades se habían empeñado en convertir las oficinas públicas en una especie de cueva de Alibabá. Pues no. Pueden ustedes venir tranquilos. Las calles están limpias. Los parques relucen. Se ven menos grúas pero muchas pequeñas obras. La gente tan simpática como siempre. Unos comercios cierran y otros abren. Los bares llenos a cualquier hora y cada dos o tres días inauguran una exposición o te dan un concierto. Incluso la polémica sobre el nombre de la ría se mantiene a modo de juego floral. Este año parece que algunas de las flores llevan veneno en su interior. No comprendo como personas preparadas pueden llegar a confundir una polémica nominal en un ejercicio de ataque personal y familiar de aquellos que tienen la manía de no pensar como piensan ellos. En particular me han molestado los ataques al eurodiputado asturiano Antonio Masip.

Y hasta aquí lo que está dando de si este caluroso, por lo demás, verano del 2009.

Publicar un comentario
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...