4 de noviembre de 2013

Una estatua dedicada al Doctor Pulido en el Retiro madrileño

Estatua levantada en homenaje al Doctor Ángel Pulido. En el Parterre del Retiro, en Madrid.


Ayer domingo tuvimos la ocasión de pasear un buen rato por el Retiro madrileño. Luce ya galas de otoño y es una delicia observar la inmensa gama de colores de las hojas de los castaños de indias, los robles del pantano, las acacias y tantas otras especies arbóreas como pueblan el bello parque de nuestra ciudad. 

Los curiosos cipreses recortados del parterre del Retiro. Una joya de la jardinería madrileña.



Este doctor Pulido es un personaje digno de admiración. Nació a mediados del siglo XIX en Madrid en el seno de una familia de origen asturiano que tenía una pequeña tienda de vinos en la calle de las Infantas. Estudió medicina y su carrera como médico, investigador y académico fue larga y brillante. Ocupó importantes cargos en gobiernos de la restauración desde el partido liberal de Sagasta. Solo por esa trayectoria debería ser recordado en nuestra historia. Pero el caso es que lo que normalmente se recuerda de él es su contribución al rescate sentimental de la historia de nuestros expulsados judíos españoles: los sefarditas.

Dedicó años de su vida a entrevistarse con las colonias de sefarditas residentes en los Balcanes para intentar recuperar memoria de su diáspora. Gracias a sus desvelos el gobierno de Primo de Rivera concedió a los descendientes de los viejos judíos españoles la nacionalidad española. Ese reconocimiento histórico fue decisivo para que en las circunstancias de la segunda guerra mundial el decreto de concesión de la nacionalidad fuese invocado por muchos de los judíos en peligro para salvarse del holocausto.

De esta historia de este encuentro tan fructífero entre la opinión pública española y la diáspora sefardita y de la cual Pulido fue el gran artífice nació la decisión de erigirle esa pequeña estatua que hoy traigo al blog.
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