15 de mayo de 2013

Dos años del 15 M. La revolución de las plazas.

Foto de la primera manifestación del 15 M en mayo del 2011





El 15 M fue algo más que un grito de queja y rebeldía de un grupo de ciudadanos. Como en el cuento del rey que está desnudo las voces del 15 M alteraron la tranquilidad vacuna de la política española. Nadie, salvo los ciegos a la evidencia, ignoró     que la calle osaba hablar a los poderosos con el único lenguaje de la verdad. Que después el 15 M, por devoción o por necesidad, no haya cristalizado en una fuerza política autónoma es casi indiferente. La cuestión es que a partir de ese momento la agenda de la política española está marcada por una indisimulable contradicción entre los designios de los poseedores del poder institucional deseosos de mantener el tinglado y el deseo generalizado del pueblo de cambios que alteren los viejos equilibrios políticos a favor de su democratización y su limpieza.

Hasta los más paniaguados y serviles intelectuales del régimen nacido de la transición reconocen que el sistema presenta rasgos de senectud y deformación que hacen imposible el buen gobierno de un país tan complejo como el nuestro. Instituciones corruptas y debilitadas, economía maltrecha sin alternativas de futuro, desmoralización de la juventud que huye del país a buscarse la vida- un verdadero exilio mas que fuga de cerebros- y un pueblo desamparado que ve como la sociedad del bienestar construida a lo largo de mas de 30 años se desploma en una sucesión sin tregua de recortes y merma de servicios públicos.

Veo que siguen circulando los mismos lugares comunes sobre el 15 M  en los medios de comunicación. Dicen que el movimiento ha decaído, que no ha sabido transformarse en plataforma política. Otros siguen empeñados en relacionar el movimiento 15 M con montajes conspiranoicos cuando no en echarles la culpa, incluso, de la caída del gobierno socialista. Cada loco con su tema. Con lo fácil que resulta acercarse a cualquier asamblea de barrio un sábado o un domingo y ver lo que ocurre. Escuchar, enterarse, calibrar los mensajes, las acciones que se proponen, el riguroso respeto a la democracia. Pero por lo que se ve es más fácil decir tonterías o inventárselas.  

Por el hecho de nacer, por reivindicar la calle y la plaza como espacio para la política. Por su capacidad de dar nacimiento a otras muchas plataformas y mareas contagiándolas con su espíritu pionero y rebelde, solo por eso el 15 M ya ha entrado en la historia. Lo demás apenas tiene importancia. El 15 M no ha venido a salvar a nadie. El 15 M somos tu y yo, si queremos.

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