16 de noviembre de 2012

¿Crecer o decrecer? Ese es el dilema.


Este video corresponde a un anuncio de la empresa Acciona en el que se representa de forma muy esquemática, pero con un importante valor plástico, el dilema entre el crecimiento y el decrecimiento.

No hace falta retroceder hasta los tiempos y las ideas de Malthus para reconocer la dificultad de lanzar hipótesis sobre el futuro basadas en la creencia de un límite para la sostenibilidad de las civilizaciones humanas determinado por circunstancias económicas o técnicas. Si hubieran sido ciertos los pronósticos lanzados por el Club de Roma en los años 70 del siglo pasado ya habríamos entrado hace más de una década en una especie de frenazo industrial y tecnológico del crecimiento.

Si solo tuviéramos como perspectiva la actual crisis y como se ceba sobre las clases medias de nuestra Europa nos olvidaríamos del hecho mas importante acontecido en el interior del orden- o desorden- económico internacional: la incorporación de millones, centenas de millones posiblemente, de seres humanos al mundo económico moderno. Personas, mujeres y hombres, que en pocos años han incrementado su calidad de vida y su presencia en los mercados. En Asia, en América Latina, en el conjunto de la región del Pacífico emergen nuevas clases medias. Y esto ha sido posible gracias al incremento de la producción mundial y de las formas de productividad. Quiero esto decir, que por lo menos hasta ahora, la crisis del petróleo y de otras materias primas apenas ha sido un ligero freno para el incremento del producto bruto mundial.

Por supuesto que ese avance sustancial no ha sido gratuito ni ha dejado de producir efectos indeseados en términos de medio ambiente y de desestructuración social. En España sabemos muy bien de que va eso de los “nuevos ricos” pues no en vano, como quien dice, apenas nos hemos adelantado en pocas décadas a este nuevo fenómeno de la emergencia como consumidores y como productores de esa inmensa base social.

Y sin embargo…como dijo Galileo, hay señales en el horizonte que amenazan tormenta. Las preguntas están lanzadas. La exuberancia económica basada en los modelos de economías exportadoras no es sostenible. Estos días se está celebrando el congreso del PC de China y allí se han pronosticado importantes amenazas a ese modelo. Sustituirlo como sería de rigor por un incremento de los consumos internos no es un camino sencillo. Mucho más cuando estamos asistiendo a un cierto cansancio del desarrollo tecnológico que a menudo ha sido el acicate del desarrollo mundial.

Puede que el Club de Roma haya tenido razón en términos históricos y que sea ahora cuando empecemos a notar que el mundo, por lo menos la parte del mundo en la que nosotros habitamos, está entrando en una era de decrecimiento económico. Ya son numerosas las tesis sobre la necesidad de organizar nuestra economía sobre bases distintas a las del crecimiento. A ello contribuiría singularmente la evidencia en algo conocido como “parón tecnológico”. Puede ser importante recordar que el acelerón de las capacidades productivas surgidas en la conocida revolución industrial de finales del siglo XIX ya está a punto de agotarse, incluso en las regiones recién llegadas a los mercados internacionales.

Solo para recordar. La primera revolución industrial nos trajo la industria moderna, el vapor, el ferrocarril. Aquello ocurrió entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX. Vino asociada a la desaparición de la vieja sociedad estamental y a la emergencia de nuevas clases sociales burguesas. La segunda revolución es la de la electricidad, el motor de combustión y la aparición de nuevos y enteros sectores productivos asociados al entretenimiento y el desarrollo de nuevas sociedades de masas. Es la época de los grandes periódicos, de las radios y las televisiones, el cine, la fotografía, lo avances médicos como los antibióticos, la cirugía moderna, el radiodiagnóstico, etc. Sin olvidarnos de un fenómeno que no sabemos valorar suficientemente: la llegada del confort a nuestros domicilios: la calefacción, el agua corriente, los electrodomésticos liberadores, el teléfono, etc. De hecho vivimos culturalmente instalados en las ventajas de esa segunda revolución y a esa forma de vida es a la que se están incorporando nuevas masas de los países que antes definíamos como “tercer mundo”. La tercera revolución, iniciada en los 60, es la de la informática y todas sus secuelas como internet, la telefonía móvil y las nuevas formas de comunicación social. Está tercera revolución con su importancia decisiva para nuestro futuro sin embargo apenas ha incorporado valores económicos de crecimiento sustanciales en comparación con la anterior ola. Incluso ha supuesto la desaparición de enormes sectores productivos que han sido barridos de los mercados.

Para interesados en este proceso les recomiendo la lectura de un informe patrocinado por la Fundación norteamericana Kauffman- dedicada a la promoción de las pequeñas empresas y de los emprendedores- y elaborado por el historiador económico Robert J. Gordon. El informe titulado “Is US economic growth over?: Faltering Innovation confronts Six headwinds” se puede obtener gratuitamente en la dirección web https://dl.dropbox.com/u/2021568/gordon%20paper%20w18315.pdf
Si quieren una estupenda reseña en castellano de la obra les sugiero este artículo de Nada es Gratis.

Y todo esto venía a propósito de la crisis actual y de la poca confianza que podemos tener en que nuestros males se curen recuperando el crecimiento tal como lo entendemos habitualmente. ¿No habrá llegado el momento de pensar en nuevas políticas basadas en el decrecimiento?

Seguiremos….
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