3 de septiembre de 2010

Un misterio histórico: ¿Quién mató al Marqués de Sargadelos?

Detalle de la cocina de la Casa Natal del Marqués de Sargadelos. Foto del autor del blog

El martes de esta semana tuve ocasión de visitar por primera vez el Museo Casa Natal del Marqués de Sargadelos en la aldea de Ferreirela de Santa Eulalia de los Oscos. Es verdaderamente un lujo para la región occidental asturiana disponer de esta institución museística. Abundan en la comarca de los Oscos todo tipo de instalaciones de carácter industrial histórico o de naturaleza antropológica. No todas ellas con la suficiente calidad o mérito. En alguna de ellas prima el factor “turístico” por no utilizar algún calificativo menos amable. No es así en la Casa Natal de Antonio Raimundo Ibáñez- Marqués de Sargadelos. Puede que la presencia de José Luis Díaz y sus doctas interpretaciones sea uno de los factores fundamentales que dan al museo de Ferreirela ese sello de calidad. Es una delicia escuchar como José Luis se recrea con toda la tranquilidad del mundo en ofrecer explicaciones históricas, antropológicas y culturales que sitúen al hogar que vio nacer al Marqués, por cierto título inexistente desde el punto de vista legal, en el marco de la época: siglo XVIII.

Si Ibáñez hubiera nacido en Cataluña o el País Vasco hoy hubiera sido considerado el padre de su revolución industrial. Por haber nacido en la conocida entonces como la Siberia española y haber desarrollado su incipiente industria moderna en la Galicia pobre de hace más de dos siglos apenas ocupa un breve espacio en los libros de historia.

Aunque hoy exista por parte de algunos historiadores económicos la teoría de que en aquellos espacios geográficos se estaba desarrollando una incipiente capacidad industrial- hablan de los mazos, de las forjas, del mineral de hierro y de las industrias textiles de las comarcas de los Oscos y del oriente gallego así como de la capacidad comercial innegable del Puerto de Ribadeo- a nadie se le escapa que aquello se inscribía en un modo de producción precapitalista llamado a desaparecer con la revolución del vapor. La prueba más evidente de ello es que cuando Ibáñez crea la fundición y los altos hornos de Sargadelos tiene que traer obreros y técnicos de otras regiones del país y del extranjero. Pero, bueno, esto es otra polémica en la que nadie me ha dado vela. Solo digo que a veces creo que se ensalza en demasía el empuje o las capacidades industriales de la región en aquellos siglos en defensa de unos supuestos antecedentes capitalistas. La economía de los Oscos en la época que ve nacer a Raimundo Ibáñez es una economía de pura subsistencia más parecida a la existente en las edades medievales que a la posterior de la revolución industrial. La Casa Museo es una indisimulada confirmación de ese hecho.

La cuestión es que el futuro Marqués se instala en Ribadeo y a la sombra de familias de gran tradición comercial aprende los oficios mercantiles y se convierte en un patrón de nuevas industrias. Ese es su mayor pecado a ojos de los señores feudales de las comarcas orientales de Galicia. El feroz cura de Foz y otros señores de horca y cuchillo ven como Antonio Raimundo está en condiciones de convertirse en un polo de autoridad y de prestigio y en el patrón de una nueva clase de obreros y trabajadores que empiecen a vivir de sus salarios y dejen de aportar a la iglesia y a los pequeños feudales sus tradicionales diezmos e impuestos señoriales. Sus conexiones con el poder real le permiten obtener concesiones madereras tan importantes en aquellos tiempos en los que todavía el carbón vegetal es el combustible fundamental de los hornos de Sargadelos. Hasta el mismo Jovellanos con su Ley de Montes se convierte en una especie de socio institucional del de Sargadelos y le permite obtener unos costes para el transporte de la madera muy económicos y en detrimento, posiblemente, de los intereses de la poderosa, hasta entonces, clase de los arrieros.

De esas circunstancias algunos interpretan que la muerte, el asesinato de Ibáñez, fue obra de una coalición forzada de los señores del altar y de aquellos industriales que veían como sus chiringuitos iban a caer víctimas del avance de la imparable revolución capitalista. En la temprana fecha de 1798 esa coalición ya da pruebas de su existencia cuando consiguen arrasar la primera implantación industrial de Sargadelos en un motín de claros perfiles reaccionarios.

Es evidente que si esa interpretación de los hechos resulta plausible alguien debió de preocuparse de buscar algún alibi justificativo del asesinato del marques en febrero de 1809. Recordemos que a pesar de la literatura hiperpatriótica que exaltó al máximo las glorias guerreras antifrancesas de alcaldes y dirigentes sociales de las comarcas del nororiente gallego la verdad histórica es que las tropas de Fournier conquistaron localidades tan importantes como Mondoñedo y Ribadeo con pasmosa facilidad. Esto quiere decir que el comportamiento de Ribadeo y del propio Marqués, que recordemos fue miembro de la Junta de Defensa, al entregar los poderes locales a las tropas napoleónicas ni fue excepcional ni responde necesariamente al perfil “afrancesado” de Ibáñez.

Difícilmente puede decirse en clave histórica que Ibáñez fuese un traidor a España y que con eso se justificase su linchamiento por parte del populacho. El mismo hecho de que la fábrica de Sargadelos fuese el mayor suministrador de piezas militares para los ejércitos patrios atestigua, sensu contrario, que el de Santa Eulalia fue un fiel colaborador de los intereses nacionales. La cuestión es que la versión tradicional de la muerte de Ibáñez nos habla del grupo de patriotas españoles que procedentes de Castropol y Figueras entran en Ribadeo, hacen huir a los franceses y persiguen hasta la muerte a nuestro marqués para hacerle pagar su traición. De alguna forma esa explicación se ha convertido en canónica en detrimento de una verdad que se nos escapa por falta de testimonios creíbles de la época. Si se adereza convenientemente la versión con la famosa leyenda del tesoro oculto en el palacio del Marqués, hoy por cierto sede del Ayuntamiento, daremos por buena esa versión del ajusticiamiento de nuestro personaje por felón y afrancesado.

Solo en los últimos años, el año 2009 se cumplían 200 años de los tristes sucesos, ha empezado a levantarse una interpretación de los hechos más ajustado a los acontecimientos históricos. De alguna forma las dos versiones coexisten incluso en los propios textos oficiales. Así si leemos la placa turística colocada en la puerta del que fue palacio del Marqués creeremos en la versión veteroficial de la persecución de las tropas fernandinas. Pero si vamos a la página web del ayuntamiento encontraremos la versión de la conspiración antiliberal en un texto que no tiene desperdicio:”En 1809, en plena efervescencia bélica de la Guerra de la Independencia, Ibáñez fue asesinado en las calles de Ribadeo por una turba manejada por un grupo de vecinos envidiosos, por la curia de Mondoñedo y por los intereses industriales de otras naciones”.

Si el propio ayuntamiento de Ribadeo no lo tiene claro que vamos a decir los demás. Entre las distintas versiones de “quien mató al comendador” ustedes mismos….A mí me encantaría que Domingo Villar nos ofreciese una clave novelada del asunto metiendo a su inspector Leo Caldas en el túnel del tiempo y recreando los días del vil asesinato de nuestro personaje.

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