16 de agosto de 2006

Verano del 2006


Desde mi retiro sanjuanino miraba a Galicia como se ardía. Me preguntaba desde que despachos tarpeyos los modernos Nerones se inflaban de gusto ante la catástrofe.

Entre los algarrobos, las encinas, palmeras, naranjitas y limones del lado occidental del Mediterráneo trataba de imaginarme el sufrimiento de los libaneses.

Viviendo como Tarzán pensaba en los malienses, los senegaleses y otros africanos embarcados en los miserables cayucos que les llevan directos a la muerte o la salvación en forma de rescate por parte de los nuevos samaritanos de las islas canarias.

Preguntas. Parole, parole, parole. La calma, el calor y la música de viejos discos en el pickup de los sesenta milagrosamente conservado.

Otro verano más. Y la misma música de todos los veranos.

Viajes por las calas que van siendo destruidas por el cemento. Baños cuidadosos y vigilados.

Alguien busca repetir el horror de nuestro Levante en las tierras gallegas. Ese alguien sabe que las guerras lejanas atraerán clientes medrosos de viajar a nuevas tierras. También sabe que hacen falta brazos fuertes africanos para las obras que se avecinan.

Es posible que todo cuadre.

Y retornando a Madrid: Seseña, Ciempozuelos, Parla….

Quien quiera entender que entienda.
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